¡Dios, cuánto bien me haces!
Cuánto bien me haces, cálido sol. Llegas cuando algo dentro de mí siente frío. Eres un recordatorio de Dios. Sí, así es Dios: cálido, luminoso, oportuno. Dios me hace bien. Cuánto bien me haces, viento suave. Te escucho, te siento. Susurras en mis oídos: “¡Hay vida! ¡Levántate! ¡Hay que moverse!” Eres un recordatorio de Dios. Sí, así es Dios: da vida, levanta y mueve. Dios, Tú eres y serás. Estás más cerca de mí de lo que imagino. Cuánto bien me haces. Eres sol, eres viento; eres calor y vida. Tú eres mi bien.





