Cuando dé el último suspiro,
estaré cerrando todo lo vivido.
Los buenos y malos momentos,
muchas veces acompañados por un buen vino,
ya no tendrán sobre mí ningún dominio.
En ese instante,
solo seremos Dios y yo;
y dejando todo atrás,
emprenderemos juntos
un nuevo camino.
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